viernes, 4 de octubre de 2013

Caravana de la Muerte Cauquenes - 4 de octubre de 1973.


  «Sergio Arellano Stark - durante más de dos años de investigaciones - sostuvo que nunca estuvo en Cauquenes ese fatídico 4 de octubre de 1973»



 El relato de lo ocurrido en Cauquenes lo obtuvo el ministro Juan Guzmán de boca del coronel Rubén Castillo Whyte, comandante del regimiento, en enero de 1999, que a los 73 años, recordaba claramente lo ocurrido:


"El 4 de octubre de 1973, alrededor de las 11.00 horas, llegó un helicóptero militar al patio de honor del regimiento. De dicha nave descendieron el general Sergio Arellano Stark, los oficiales Pedro Espinoza Bravo, Marcelo Moren Brito, Armando Fernández Larios y otros con uniforme de combate y armamento". No, no iba Sergio Arredondo. De eso estaba seguro el comandante Castillo Whyte porque habían trabajado juntos en el Comando de Institutos Militares.


Estando ya en la oficina de la comandancia, agregó el coronel Castillo Whyte, "el general Arellano me indicó que debía revisar los procesos. Le contesté que los detenidos estaban en el Cuartel de Investigaciones y en la cárcel de Cauquenes, que las causas estaban en proceso de sumario, aún sin sentencia del consejo de guerra. Ante esto me pidió el registro de los detenidos, cuyo documento estaba en la oficina de la Intendencia, lugar al cual nos dirigimos".
 

Tras estudiar Arellano y sus oficiales el registro de detenidos, "el general Arellano, con un lápiz en la mano, señalizó con una marca varios nombres, tomando en consideración la columna delito que se le acusa y ordenó a Pedro Espinoza Bravo que, con Marcelo Moren Brito y Armando Fernández Larios, se dirigieran al Cuartel de Investigaciones y a la cárcel de Cauquenes a investigar e interrogar a los detenidos señalados". El comandante Castillo Whyte ordenó al teniente Jorge Acuña que los acompañara.
 
Como ya era la hora de almuerzo, invitó al general Arellano al Club Social de Cauquenes. Tras el almuerzo volvieron a la oficina de la Intendencia y fue entonces cuando regresó el grupo del general Arellano. "Pedro Espinoza Bravo dio cuenta al general Arellano que cuando trasladaban a los detenidos Claudio Lavín Loyola, Pablo Vera Torres, Miguel Muñoz Flores y Manuel Plaza Arellano, en el Fundo Oriente, para ser interrogados y reconstituir la escena del lugar donde organizaban guerrillas el día 11 de septiembre, dos de los detenidos procedieron a atacar a uno de los centinelas, tratando de arrebatarle las armas e hiriéndolo en un brazo. El resto de los detenidos aprovechó de huir por los potreros". En suma, el oficial Espinoza informó al general Arellano que en cumplimiento del bando N° 24 se los había detenido y fusilado en el mismo lugar de los hechos.
— ¿Qué hizo con los cuerpos? —preguntó el juez.

—Los cuerpos de los fallecidos fueron trasladados al hospital de Cauquenes, lugar donde el doctor Mario Muñoz Ángulo practicó las autopsias. Y por orden del general Arellano, dispuse que los cuerpos fueran trasladados durante la noche desde el hospital al cementerio, misión que cumplió el teniente Jorge Acuña —contestó el comandante Castillo Whyte.
 
 
Luego, el ministro Guzmán interrogó al suboficial que fue designado por el comandante Castillo para "estar a cargo de la seguridad del general Arellano" durante su estadía en Cauquenes. El entonces sargento 2º Hugo Cárdenas Peñailillo confirmó la fecha de la masacre de Cauquenes: 4 de octubre de 1973.

Por la tarde del 4 de octubre, Lavín, Vera, Muñoz y Plaza fueron llevados al fundo El Oriente. Objetivo: matarlos. Clodomiro Garrido Vásquez, quien era detective 4º de Investigaciones, relató al juez lo sucedido: "El día en que una delegación militar retiró del recinto policial a los cuatro jóvenes cauqueninos, llegó un oficial con grado de teniente que se identificó como Fernández y que vestía ropa militar de campaña. Lo que más me impresionó de él fue el hecho de que estaba fuertemente armado, llevaba pistola, revólver, un corvo, un yatagán, entre otros. En realidad, estaba excesivamente armado. Ese mismo teniente pidió a los detenidos y se los llevó, argumentando que tenían que realizar una reconstitución de escena en el fundo El Oriente y que luego los regresarían. Mientras esperábamos su regreso, se comunicó que estos jóvenes se habían sublevado y que se les había ejecutado en el mismo lugar. La comunicación de este hecho se hizo a través de un bando militar, emitido por una radioemisora local, el mismo día de las ejecuciones".

 
El comisario Exequiel Jara Rodríguez, quien tenía el grado de inspector en Cauquenes, dijo al juez que "el mismo día 4 de octubre de 1973, llegó una delegación militar, alrededor de las once de la mañana, con el objeto de interrogar a Lavín, Vera, Muñoz, Plaza y a un quinto detenido, quien era sobrino del general Pinochet. Estos jóvenes estaban sindicados como activistas". Agregó que los jóvenes fueron interrogados en la oficina del jefe de la comisaría y que después los militares se fueron.

Mario Baeza Ahumada, ex jefe del cuartel de Investigaciones de Cauquenes, aseguró al juez que fue el 4 de octubre cuando los cuatro jóvenes fueron sacados por personal del Ejército, el mismo día en que el general Arellano estaba en la ciudad. "Nunca supe sus nombres, además nunca los había visto en Cauquenes", dijo. Y por la tarde estaba en las oficinas de la radio local cuando el radio operador Eduardo Antúnez le avisó que "por la calle Maipú iba pasando un camión con los cadáveres de los cuatro jóvenes. Era un camión viejo de color verde".
 
 
El ministro Juan Guzmán investigó acuciosamente lo ocurrido en Cauquenes. Así, en mayo del año 1999, hizo comparecer a Marcial Salazar Hormazábal, quien fue el chofer del camión —de propiedad de Francisco Arellano—que se usó para trasladar los cuerpos. Él le contó espeluznantes detalles de lo que vio al llegar al fundo El Oriente: tuvo que prestar una olla vieja, con la que daba de comer a sus perros, para que recogieran restos de sesos de los muchachos, dispersos en el lugar al destrozarse sus cráneos. Los militares —dijo—envolvieron las cabezas y parte de los troncos con los sacos paperos que habían llevado. Entre los militares recordaba al teniente Acuña Jam y al sargento Briceño. Subieron los cuerpos al camión y "me ordenaron que los trasladara a la morgue". Él estuvo presente en las autopsias y reconoció a los muertos. "Las cabezas de los jóvenes asesinados presentaban varios impactos de bala, todos en el rostro, y toda la parte posterior de la cabeza estaba destruida, incluso faltándoles partes del cráneo". Y de la morgue siguió rumbo al cementerio, donde militares enterraron los cuerpos desnudos de los muchachos. Quedó tan choqueado —dijo el chofer Salazar—que, una vez terminada toda la macabra faena, se fue a emborrachar al casino de suboficiales en retiro de Carabineros.

 Al proceso se agregó la declaración hecha, años antes, por el médico Mario Muñoz Ángulo, director subrogante del Hospital de Cauquenes, recordando con detalle cuando —en la tarde del 4 de octubre de 1973—aparecieron los soldados, con los cuatro cadáveres en sacos "que dejaron un reguero de sangre" por el pasillo del hospital. Le dijeron que debía hacer las autopsias por orden del comandante Rubén Castillo Whyte. Las hizo, estremecido ante los cuerpos aún tibios y con las cabezas destrozadas.


Claudio Lavín Loyola, 29 años, era primo hermano de Joaquin Lavin, ex Alcalde de Santiago. Su padre era un respetado médico y regidor de la zona, quien, por su amistad con el Presidente Allende, era reconocido como el "patriarca" socialista. Por estar enfermo, el doctor Lavín no pudo acudir al llamado del comandante Castillo Whyte después del golpe militar. Fue su hijo Claudio en su lugar y cada día debió presentarse a firmar en el cuartel de Investigaciones, hasta que el 2 de octubre lo dejaron arrestado. "Me dejan detenido para tomarme declaración", explicó a su esposa. Le llevaron un saco de dormir y algo de comer. Los restos de Claudio, Pablo, Manuel y Miguel, fueron exhumados y entregados a sus familiares en octubre de 2001.

 El juez Guzmán procesó en este episodio al general (R) Sergio Arellano Stark, al coronel (R) Marcelo Moren Brito y al brigadier (R) Pedro Espinoza.

Las víctimas de Cauquenes son:

 
Claudio Lavín Loyola. 29 años. Casado, con dos hijos. Técnico agrícola y trabajaba en el Banco del Estado. Fue detenido el 2 de octubre por detectives, cuando se presentó a Investigaciones a cumplir con su firma diaria, trámite que le había ordenado el Jefe de Zona en Estado de Sitio, Rubén Castillo White.

 



Manuel Plaza Arellano. 25 años. Técnico agrícola. Fue detenido en la madrugada del 20 de septiembre en su domicilio por una patrulla militar y enviado al Cuartel de Investigaciones de Cauquenes. 

 


Miguel Muñoz Flores. 21 años. Empleado de la Corporación de Reforma Agraria (CORA).  Fue detenido en su domicilio, inmediatamente después del día 11 de septiembre, por efectivos de Investigaciones y trasladado al Cuartel de esa Institución. 

 
 
 

Pablo Vera Torres. 22 años. Estudiante y empleado, dirigente de la Juventud Socialista de la zona, quien había sido detenido y dejado en libertad; detenido nuevamente el mismo mes, fue conducido al Cuartel de Investigaciones. 



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